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San Giovanni Battista
El padre Zacarías y la madre Elisabet, ancianos esposos, rogaban al Señor que les diera un hijo.
Un día a Zacarías se le apareció el ángel Gabriel, que le anunció que Elisabet tendría un hijo al
que debían llamar Juan.
El arcángel añadió que este niño, lleno de Espíritu Santo ya desde el vientre de la madre, sería
grande en presencia de Dios, convertiría a muchos hijos de Israel al Señor y con la potencia de
Elia prepararía un pueblo bien dispuesto para la llegada del Señor.
Zacarías no creyó las palabras del ángel, quien lo dejó mudo hasta el nacimiento de su hijo.
Puntualmente Elisabet dio a luz un niño que los sacerdotes querían llamar como al padre, pero como
la madre insistía en llamarlo Juan, preguntaron a Zacarías. Como no podía hablar, escribió en una
tablilla "su nombre es Juan", y en ese instante Zacarías recuperó la voz y empezó a bendecir a Dios.
Juan vivió en el desierto vestido con piel de camello y un cinturón de cuero, se alimentó de langostas
y miel salvaje, hasta que comenzó la misión para la que Dios le había llamado: incitar a la conversión
y a la remisión de los pecados mediante el bautismo (de ahí el nombre de Bautista) que él mismo impartía
en las aguas del Jordán, donde bautizó también a Jesús, presentándolo como: "el cordero de Dios que
quita el pecado del mundo". No se alejó nunca de su misión y la llevó adelante hasta el extremo del
sacrificio.
Siempre dispuesto a denunciar las injusticias, nunca tuvo miedo, ni siquiera cuando
acusó a Herodes de adulterio, y fue justamente esta acusación lo que le llevó a la muerte.
El rei Herodes respetaba a Juan Bautista y no quería hacerlo matar, pero cediendo a las peticiones
de Erodiades lo encarceló en la prisión de Macheronte.
Una trágica noche, mientras Herodes daba un banquete, Salomé, hija de Erodiades, danzó para los
invitados y Herodes prometió a la joven cualquier cosa que ésta le pidiera. Salomé, instigada por
su madre, pidió la cabeza de Juan Bautista. Así, por la debilidad de un rey, cayó la cabeza de una de
las figuras más destacadas de toda la historia del Cristianismo. Aún caliente, la cabeza de Juan
Bautista fue llevada a la sala del banquete en una bandeja de plata.
El culto por San Juan se extendió por todo el mundo en poco tiempo, ya fuera por su modelo de vida
ascética o por su ejemplo de coherente firmeza hasta la muerte.
La Fiesta:
El 24 de junio, día de su nacimiento, se celebra litúrgicamente la fiesta de S. Giovanni Battista
con una misa solemne y la exposición de sus reliquias.
El santo es invocado para obtener el consuelo ante las calamidades y para obtener la sanación del
cuerpo. Aún se conserva un relicario: un brazo de plata con un trocito del hueso radio del santo.
Los festejos solemnes, en cambio, tienen lugar el 29 de agosto, fecha de su martirio. La estatua
del santo, de piedra calcárea de los primeros años de 1500, es sacada en procesión, acompañada de
la banda musical, por las calles ibleas.
Esto, a parte de ser un gran momento de devoción religiosa y de renovación de las tradiciones de
la ciudad, es también un espectáculo único por los miles de fieles, muchos de ellos descalzos,
que acompañan al Santo llevando grandes cirios encendidos por la gracia recibida.
Pero como es habitual en Sicilia, a lo sagrado se le une lo profano. De hecho, la fiesta es
recordada además de por la solemne procesión, por la feria de productos varios y por un encantador
espectáculo pirotécnico que concluye los festejos.
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